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Otra para el negrito de la suerte

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Por: José Hugo Fernández

LA HABANA, Cuba, octubre, www.cubanet.org -Lo que es noticia de primera plana para todos los informativos del mundo real suele no serlo para el periódico Granma. Así que no era extraño, en absoluto, que el viernes 9 de octubre la edición (única) impresa de este diario no nos trajera ni una letra sobre el otorgamiento del Premio Nobel de la Paz a Barack Obama.

Claro que en este caso específico Granma debió tener razones extras, si no para el silencio, al menos para esa especie de catalepsia inicial ante la novedad.

Pues obviamente se trata de un premio que ni siquiera Granma podría darse el pechazo de ignorar, como ha ignorado tantos otros, pongamos, por ejemplo, el Cervantes que le concedieran al mayor novelista cubano y una de las más célebres personalidades de las letras hispánicas en el siglo XX, Guillermo Cabrera Infante. 

Según avanzaba el día y la noticia empezó a  correr por las calles -mediante los “misteriosos” conductos de rigor-, corrieron también las expresiones de complacencia por parte de nuestra gente. Y a la vez, corrieron sus pícaras observaciones en torno al silencio de Granma, o sobre la muy escueta y sobria y esmirriada nota informativa que divulgó más tarde el Noticiero Nacional de la Televisión. 

Después de cinco décadas sin que el régimen haya cambiado de técnica para el ensalivado de la bola noticiosa, resulta común que hasta el último de nuestros paisanos se percate de que cuando los medios oficiales de prensa no tratan un asunto que están obligados a tratar, es porque se encuentran esperando que les ordenen desde arriba lo que deben publicar o no, así como cuándo y cómo deben hacerlo.

Y en circunstancias de esta índole, aquí, hoy, todavía, decir “desde arriba”, equivale a decir Fidel Castro, tal como los hechos parecen confirmarlo nuevamente.

El sábado 10 de octubre, el gran timonel prendió al fin la luz verde, a través de un mamotreto con título polisémico, verbo polifémico y contenido apocalíptico, donde se dedica a llover sobre mojado acerca de la crisis del capitalismo mundial, ignorando una vez más el Apocalipsis de nuestra crisis local, generada por su socialismo.

“Las campanas están doblando por el dólar”, es el título de este ladrillo, donde, luego de sugerir muy “sutilmente” los motivos por los cuales –según su polisemia- no debieron concederle el Nobel de la Paz a Obama, reconoce, como de pasada, antes del punto final, que este otorgamiento fue “una medida positiva”.

“Muchos opinarán que no se ha ganado todavía el derecho a recibir tal distinción”, deja caer además nuestro invicto reflexionador (¿o será reflexólogo?). Y por supuesto que lo dijo previo conocimiento de causa, pues aunque siempre condenó a su pueblo a la desinformación, él sí se da el gusto de estar bien informado.

Con argumentos más y menos convincentes, con mejores y peores intenciones, muchos, en efecto, consideran que fue precipitada la entrega de esta distinción a Obama. De igual manera son muchos los que la aplauden, no sólo porque reconoce valores muy respetables y acciones concretas, sino también por su significado en tanto premio a la esperanza de la civilización humana.

De cualquier modo, no es lo que más importa para nuestro caso. Por encima de toda controversia y dicotomía política, la entrega del premio Nobel de la Paz a Barack Obama demuestra a los cubanos de adentro, una vez más, que las cosas no son tal y como nos las pinta el Granma. Y que tampoco estamos tan perdidos como suele creerse, toda vez que hoy por hoy “el negrito de la suerte” (que así se le llama cariñosamente en La Habana profunda) despierta aquí muchas más expectativas que Fidel Castro, y es infinitamente más querido y admirado que Hugo Chávez, con todo y que el venezolano sea el que se encargue de pagar las cuentas.

Miles marchan contra el gobierno de Obama

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Por:  El Universal

Marcha-Obama-MUNDO-OKASMiles de personas marcharon ayer hasta el Capitolio para protestar por lo que consideran el gasto sin control por parte del gobierno del presidente estadounidense Barack Obama y contra su proyecto de ley de salud

 WASHINGTON (Agencias).— Miles de personas marcharon ayer hasta el Capitolio para protestar por lo que consideran el gasto sin control por parte del gobierno del presidente estadounidense Barack Obama y contra su proyecto de ley de salud.

Los manifestantes llenaron varias cuadras de la Avenida Pennsylvania, donde se encuentra la Casa Blanca, y marcharon hasta el Capitolio, según la Agencia local de Seguridad Nacional y Manejo de Emergencias.

Las personas marcharon cantando “¡basta, basta!” y gritando “¡mientes, mientes!”, mientras que otros manifestantes ondearon banderas de Estados Unidos y cargaban pancartas que decían “Seamos ecológicos, reciclemos al Congreso”, “Yo no soy tu cajero automático” y “La obamasalud me enferma”. Algunos hombres se disfrazaron con trajes coloniales y sombreros tricolores.

Los policías vigilaron la manifestación montados en caballos y en motocicletas.

Richard Brigle, veterano de la guerra de Vietnam y ex camionero, viajó desde Michigan. El hombre de 57 años dijo que es necesario reformar la ley de atención médica, pero no como lo planea Obama. “Mis nietos pagarán por eso. Costará mucho dinero que no tenemos”, señaló mientras marchaba con la ayuda de un bastón de madera.

La Fundación FreedomWorks, una organización conservadora dirigida por el líder de la mayoría en la Cámara Baja, Dick Armey, se coordinó con distintos grupos del país para realizar la llamada Marcha sobre Washington.

Casa Blanca, a la defensiva

La manifestación fue el acto más multitudinario hasta ahora de un movimiento de protesta entre los conservadores que inició en abril pasado y que en ciertos momentos ha colocado a la Casa Blanca a la defensiva.

Pese a que el Partido Republicano carece por ahora de un líder natural tras la derrota en las urnas el año pasado, grupos de base han encontrado nuevos bríos en su oposición a las iniciativas de Obama.

“Nunca antes en la historia” el país había marchado “hacia un socialismo como el que defiende este presidente”, dijo Bárbara Espinosa, una abuela que no quiso revelar su edad y que voló desde Arizona para protestar en Washington.

Silvia Zumárraga, de 42 años, portaba un cartel con el signo de la hoz y el martillo, y una foto en la que se veía a Obama con rasgos del Che Guevara. Los manifestantes, en su mayoría blancos, esgrimieron el apelativo de “socialista” contra Obama como un insulto en pancartas y eslóganes que pedían su destitución o le acusaban de mentir al pueblo.

La Policía no proporcionó un estimado oficial del número de participantes. Paradójicamente, sólo un puñado de legisladores republicanos estuvieron presentes en la manifestación, temerosos de que se les vincule con los elementos más extremistas de la derecha, que sostienen, por ejemplo, que Obama no debería ser presidente porque, creen, no nació en Estados Unidos.

“Finalmente los conservadores nos hemos despertado. Es muy difícil hacer que los conservadores se levanten del sofá; en cambio, es fácil para los liberales. Ellos quieren cambiarlo todo”, afirmó Richard Wohltmann, de 53 años, quien sostenía una pancarta que decía “la redistribución de la riqueza es un robo”.

Muchos de los manifestantes dijeron que gastaron su propio dinero para asistir a la protesta, una norma ética que creen debería aplicarse al gobierno.

Expresaron que el gasto sin control en temas como un seguro médico manejado por el Estado podría aumentar la inflación y llevar al país a la ruina.

El presidente responde

Obama fustigó ayer a los críticos de su iniciativa de reforma de salud, tratando de aprovechar el ímpetu conseguido con su discurso ante el Congreso para conseguir la aprobación de su prioridad en la agencia nacional. “No voy a aceptar el statu quo. No más”, dijo el presidente ante unas 15 mil personas en Minneapolis, en una presentación semejante a un acto de campaña.

Obama, preocupado por Honduras

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Por: EFE/El Universal/Washington

Los presidentes de Estados Unidos y Colombia tendrán una reunión este lunes y se espera que Honduras sea la agenda principal; la Casa Blanca reconoce que ha tenido comunicación con militares de aquél país

El presidente estadounidense, Barack Obama, se mostró hoy “muy preocupado” por el golpe militar en Honduras y el exilio del presidente Manuel Zelaya, indicó la Casa Blanca.

“Exhorto a todos los actores políticos y sociales en Honduras a que respeten las normas, el imperio de la ley y los principios de la Carta Democrática de las Américas” , señaló una declaración del presidente estadounidense.

A su vez, la secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton, condenó el arresto de Zelaya, su destitución y su exilio forzado a Costa Rica.

Todo apunta a que la crisis constitucional en Honduras sea uno de los asuntos sobre los cuales hablarán hoy el presidente Obama y el presidente de Colombia, Álvaro Uribe, que lo visitará en la Casa Blanca.

Funcionarios de alto rango señalaron ayer que EU mantuvo contactos con los militares en Honduras, incluso uno “muy reciente” , en busca de mitigar la crisis en ese país.

“Hemos estado en contacto con todas las instituciones hondureñas, incluidas las fuerzas armadas” , dijo en conversación telefónica uno de los funcionarios, que pidieron el anonimato para discutir la delicada situación.

El funcionario agregó que aunque ahora se han roto las comunicaciones con los militares hondureños, al principio “atendían nuestras llamadas (de la embajada estadounidense)…pero han dejado de hacerlo”.

Sin precisar detalles, un segundo funcionario dijo que Estados Unidos ha sido “muy claro” con los distintos sectores e instituciones de Honduras de que cualquier resolución a la crisis debe ser “democrática” y “constitucional”.

Así, ambos funcionarios insistieron en que EEUU sólo reconoce como único presidente constitucional de Honduras a Zelaya y reiteraron su llamada a su retorno al cargo.

Obama, preocupado por Honduras

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Por: EFE/El Universal/Washington

Los presidentes de Estados Unidos y Colombia tendrán una reunión este lunes y se espera que Honduras sea la agenda principal; la Casa Blanca reconoce que ha tenido comunicación con militares de aquél país

El presidente estadounidense, Barack Obama, se mostró hoy “muy preocupado” por el golpe militar en Honduras y el exilio del presidente Manuel Zelaya, indicó la Casa Blanca.

“Exhorto a todos los actores políticos y sociales en Honduras a que respeten las normas, el imperio de la ley y los principios de la Carta Democrática de las Américas” , señaló una declaración del presidente estadounidense.

A su vez, la secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton, condenó el arresto de Zelaya, su destitución y su exilio forzado a Costa Rica.

Todo apunta a que la crisis constitucional en Honduras sea uno de los asuntos sobre los cuales hablarán hoy el presidente Obama y el presidente de Colombia, Álvaro Uribe, que lo visitará en la Casa Blanca.

Funcionarios de alto rango señalaron ayer que EU mantuvo contactos con los militares en Honduras, incluso uno “muy reciente” , en busca de mitigar la crisis en ese país.

“Hemos estado en contacto con todas las instituciones hondureñas, incluidas las fuerzas armadas” , dijo en conversación telefónica uno de los funcionarios, que pidieron el anonimato para discutir la delicada situación.

El funcionario agregó que aunque ahora se han roto las comunicaciones con los militares hondureños, al principio “atendían nuestras llamadas (de la embajada estadounidense)…pero han dejado de hacerlo”.

Sin precisar detalles, un segundo funcionario dijo que Estados Unidos ha sido “muy claro” con los distintos sectores e instituciones de Honduras de que cualquier resolución a la crisis debe ser “democrática” y “constitucional”.

Así, ambos funcionarios insistieron en que EEUU sólo reconoce como único presidente constitucional de Honduras a Zelaya y reiteraron su llamada a su retorno al cargo.

Libertad a los presos políticos en Cuba

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¿Quién embaucó a quien?

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Por: Jorge G. Castañeda/El Pais

No cesan las paradojas en el nuevo mundo valiente de la crisis. Todos, absolutamente todos, se felicitaron por el tenor de la Cumbre de las Américas, celebrada en Trinidad hace dos semanas, por la nueva política hacia América Latina de Barack Obama y por la nueva dignidad latinoamericana.

Todos, salvo dos: la derecha estadounidense y Fidel Castro, extraños compañeros de trinchera. Para entender este sorprendente giro geopolítico es preciso explicar lo que sucedió durante el periplo del nuevo presidente norteamericano, o por lo menos sugerir un par de hipótesis. Ya después veremos por qué Fidel y conservadores como Newt Gingrich comparten el mismo descontento.

Una de dos: o bien Obama pecó de una increíble ingenuidad en su trato con los líderes latinoamericanos reunidos en el Caribe (y antes de ello, con el presidente Felipe Calderón en la capital mexicana), o bien les tomó perfectamente la medida.

La primera posibilidad es la más obvia, y menos verosímil. Debido a su bisoñez, Obama se habría comprometido con la guerra optativa de Calderón contra el narco, con la probidad, eficacia y perseverancia de sus colaboradores, con la comentocracia mexicana que se deshizo en elogios al nuevo ocupante de la Casa Blanca. No habría entendido que así como Calderón emprendió su cruzada por motivos estrictamente políticos, la puede suspender por los mismos; que al igual que con sus predecesores, los “valientes y honestos” luchadores contra la droga de hoy pueden resultar ser los cómplices de mañana, y que el anti-americanismo proverbial de las élites mexicanas (intelectuales incluidos) volverá por sus fueros a la menor provocación.

En cuanto al llamado eje del bien (Chávez, Morales, Ortega, Correa y Lugo), habría sucedido lo mismo. Le dieron a Obama por su lado, después, por supuesto, de haberle leído la cartilla sobre todos los pecados habidos y por haber cometidos por Estados Unidos en América Latina. Chávez no se comprometió a dejar de apoyar -según fuentes oficiales colombianas, más que nunca- a las FARC en Colombia y al FMLN en El Salvador (mas no a Mauricio Funes), ni a restaurar los programas de cooperación con Washington en la lucha antinarco, ni a dejar de nacionalizar a empresas nacionales y extranjeras sin compensación (el caso de la mexicana Cemex, entre otras), ni a cesar de cerrar medios de comunicación, ni a perseguir a opositores, ni a pervertir al poder judicial. Morales no se comprometió a suspender su apoyo al cultivo de hoja de coca, ni a volver a acoger en Bolivia a un embajador de Estados Unidos y al equipo antidrogas de la DEA; Correa, de Ecuador, no aceptó mantener la base de la DEA en Manta. Y Ortega ni sueña con detener su persecución de opositores, su involucramiento con los salvadoreños y sus diatribas antiamericanas.

Y sobre todo, ninguno de los mencionados, ni los más sensatos como Lula, Calderón, Bachelet, etcétera, jamás le pedirán a La Habana que ponga su parte en la danza de concesiones mutuas con Washington: ni que abrogue el impuesto sobre remesas, ni que libere a los presos políticos, ni que suprima la tarjeta blanca y la prohibición de viajar, ni mucho menos que negocie la devolución o compensación de las propiedades americanas expropiadas en 1959-1962. Nunca aceptarán que, de la misma manera que presionan, con razón, a Obama para que levante unilateralmente el embargo a Cuba, deben hacerlo con Castro para que por fin se establezca un régimen democrático en la isla. En esta hipótesis, los latinoamericanos le habrían visto la cara a Obama, y éste, con toda inocencia, se habría dejado embaucar.

Huelga decir que la hipótesis alternativa se antoja mucho más creíble. Consiste en pensar que fue Obama quien les tomó el pelo a los latinoamericanos, al comprender que por muy izquierdosos que sean unos, y muy modernos que parezcan otros, esta camada de líderes de la región conserva el perfil ortodoxo, incluso clásico, del político tercermundista. Con algunas palmaditas en la espalda, algunas palabras consabidas y fatigadas, y un lenguaje corporal apropiado, se dan por muy bien servidos.

Como dijo Teodoro Petkoff, el ex guerrillero venezolano, “Chávez terminó calificando la reunión como ‘casi perfecta’. Y todo porque Obama le dio la mano y cruzó unas palabras con él. Está visto que Chacumbele no aguanta una picada de ojos de un presidente gringo”. Desde tiempos inmemoriales, los iberoamericanos le profesan una verdadera reverencia a “lo dicho” y a las formas, al contrario de los norteamericanos, para quienes “prometer no empobrece”. Para los nuestros, la sustancia es secundaria; los ritos, todo. Obama los observó con creces. Dijo cuantas veces fue necesario que venía a escuchar y a aprender; que no había socios menores ni mayores en la zona, sino iguales, y que él buscaba ante todo brindarle respeto a sus colegas, aun cuando no coincidiera con ellos.

Claro: no se comprometió con Lula a levantar el embargo a Cuba, o el arancel sobre el etanol, o a apoyar su pretensión de ocupar un escaño permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU; no se comprometió con Álvaro Uribe a buscar la aprobación del Acuerdo de Libre Comercio con Colombia; no se comprometió con Calderón a restaurar la prohibición de la venta de fusiles de asalto o a incrementar la Iniciativa Mérida; ni con los centroamericanos y caribeños a proponer una reforma migratoria integral. Es decir, se limitó a sonreír para la foto con Chávez, a escuchar impávido y estoico la arenga de Ortega, a recibir libros del siglo antepasado, y a solidarizarse con Evo en la denuncia de atentados indemostrables. Nada más.

Gracias a todo ello, fue fuertemente aplaudido por los latinoamericanos y severamente criticado por su derecha interna… y por el único líder latinoamericano que ha superado, a un costo inaudito para su país, los tradicionales complejos de los políticos del área: Fidel Castro.

La oposición conservadora de Estados Unidos le ha reclamado a Obama dejar pasar insultos y ofensas contra sus predecesores (desde Bush hasta Kennedy, y a diferencia de Zapatero y Juan Carlos I), ser demasiado cordial con Chávez sin plantear un solo tema de la agenda propia, y permitir que lo sermonearan ad náuseam sin jamás responder. Fidel Castro, por su parte, le enmendó vigorosamente la plana a Obama… y al boquisuelto de su hermano, que cometió varios pecados discursivos imperdonables. Éste es el meollo del asunto.

En su reflexión del 22 de abril, el Castro mayor subrayó que “el presidente interpretó mal la declaración de Raúl” al pensar que cuando dijo en Venezuela, el 15 de abril, que “todo está sobre la mesa”, incluyendo derechos humanos, presos políticos, migración, narcotráfico, etcétera, hablaba en serio.

Obviamente, no: la mera mención por Raúl de “presos políticos”, por exaltado que se encontrara (basta ver las imágenes de los ocho minutos de su discurso en YouTube para entenderme), constituye una herejía para Fidel. Jamás ha aceptado la existencia de presos políticos en Cuba, ni piensa hacerlo. Tampoco, por supuesto, aceptó eliminar el impuesto sobre las remesas, ni, según portavoces oficiosos, la llamada “tarjeta blanca” para salir de Cuba. En otras palabras, le recetó a Obama lo que los franceses llaman “une fin de non-recevoir”: nada de nada.

Para los latinoamericanos, bastaron carisma, cordialidad y cariño; para Fidel, sólo bastará que Obama se rinda, se disculpe, y pague la penitencia por los pecados de sus predecesores. El mandatario estadounidense sedujo a sus colegas presentes en Puerto España, salvo al que no es su colega, y que estaba ausente.

Versión resumida del artículo “Don’t Just Close Gitmo. Give It Back” de Julia E. Sweig, publicada por The Washington Post este 3 de mayo (2009)

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NO CERRAR GUANTANAMO. DEVOLVERLO.

El presidente Obama ha prometido cerrar el campo de detención en Guantanamo, buscando borrar una mancha en la reputación mundial de Estados Unidos de América. En un esfuerzo por reconstruir el acercamiento de Washington a la isla (Cuba), él también tomó la delantera, facilitando los viajes y quitando restricciones a los envíos de dinero a Cuba. Estas dos iniciativas ocurren en caminos separados y lejanos, pero ahora podrían juntarse. Tal vez existe un proyecto oculto que ve a la Base Naval de Guantamo como el lugar adecuado para Obama lanzar una iniciativa en las relaciones de Washington.

Esto no es tan imposible como se escucha a primeras instancias.

Estados Unidos  está  en un retroceso,  modificación,  o en una especie de retirada de su presencia militar. Piénsese en Okinawa, South Korea, o Subic Bay en Filipinas; Vieques, en Puerto Rico. No importa el valor estratégico de Guantánamo para los Estados Unidos de América para procesar refugiados o como un puesto de avanzada  contra las drogas; sino que el costo de la estancia permanente –súmese también la estancia de los prisioneros y la oposición del gobierno isleño – sobrepasa los beneficios.

Ahora es el tiempo para comenzar esta transición. La transformación de Guantánamo, como parte del crecimiento en la reestructuración de las relaciones de Washington con Cuba, puede ser el comienzo de la reparación de una política que el mismo presidente Obama ha señalado como fallida. Esto puede remover el punto muerto en que han estado las cosas durante 50 años y poner a prueba a Raúl Castro para hacer cambios significativos.

Yo visité el territorio de la base naval en el oriente de Cuba el mes pasado,  gracias a la invitación del Adm. James Stavridis, cabeza del Comando Sur de los Estados Unidos de América. Menos que para ver las celdas de los prisioneros o para aprender acerca del tratamiento a los detenidos (pensé que hice ambas cosas),  fui, sobre todo,  para explorar una región que no había visitado en un cuarto de siglo viajando y escribiendo acerca de la isla. No sólo quería ver que estaba pasando allí actualmente, sino también imaginar como la base puede ser cerrada y los ojos de la humanidad centrarse en otro lugar.

 Manejando a lo largo de la cerca y viendo las banderas cubanas y las atalayas, me conmovió  la relativa paz y quietud que ambos lados mantenían. Cuando el oficial encargado de la bandera y el equipo de ambos lados se encuentran cada mes en el portal este de la base, ellos continúan la larga historia de pragmatismo y ambivalencia que siempre ha existido.

Después de la intervención de Estados Unidos de América en la Guerra Hispano-Americana en 1898, Washington forzó a Cuba a aceptar  una base naval en Guantánamo como una condición para la independencia.
Desde la invasión por Bahía de Cochinos, más de cuatro décadas atrás, La Habana ha pedido la devolución del territorio de la base, pero Washington ha hallado pocos incentivos para abandonarla. El financiamiento de la base es gratuito, el alquiler anual es sólo de 4.000 mil dólares. Con fundamentos de principios y orgullo Cuba no ha hecho efectivo el cheque desde 1959.

Raúl Castro se ha referido a la base como un “lugar neutral” donde el diálogo con la administración de Obama podría desarrollarse algún día.
Desde 1990 se endurecieron la medidas de seguridad en la cerca para las personas (cubanos) que trabajan dentro y en los alrededores de la base, medidas tanto aéreas, terrestres como marítimas. Fue poco después que EE UU internara a sospechosos de terrorismo en Guantánamo Bay. Raúl Castro siempre ofreció devolver cualquier detenido que tratara de escapar al territorio cubano. Pero como las acusaciones de tortura emergieron y el simbolismo de Guantánamo fue global, Cuba se unió al mundo en repudio a los Estados Unidos.

A pesar de los intentos políticos que se hagan en ambos lados, un nuevo acercamiento entre Washington y La Habana tomará  tiempo. Obama ha hecho un llamado a favor de la liberación de los presos políticos cubanos. Cuba tiene el ojo puesto en el desmantelamiento de las sanciones comerciales y en el retorno de los espías cubanos que cumplirán largas sentencias en las cárceles de Estados Unidos. A los hermanos Castro no les gustaría que ninguna reforma interna ocurriera en un marco de concesiones a Washington, mientras que la administración de Obama esperará a ver como el gobierno de Raúl Castro cumple con “mejorar la vida material y espiritual del pueblo cubano”.

Por supuesto, así como Obama no levantará el embargo mañana, ni  devolverá la base al día siguiente. Ni a corto plazo habrá nada atrevido, los dos gobernantes y sus fuerzas armadas tienen puestas las miras en que Guantánamo puede eventualmente convertirse en una zona ideológicamente libre.

Las dos naciones podrían expandir sus conversaciones mensuales en la entrada de la base sobre el tema del perímetro de seguridad para incluir el tráfico de drogas, el contrabando de seres humanos, el procesamiento de refugiados, los preparativos para contrarrestar desastres y proporcionar alivios a las víctimas.

El próximo paso sería que Estados Unidos invitara a los oficiales cubanos a cruzar la puerta y pasear por Guantánamo Bay, en parte para ver como la Armada estadounidense ha respetado el medio ambiente natural  –una dimensión de que la presencia americana es limitada podría retar los prejuicios cubanos.

Tercer paso. Invitar también a cientos de periodistas norteamericanos y del mundo, juristas y expertos en refugiados que en ya han visitado la base desde hace algunos años. Seguramente nosotros podríamos extender la misma cortesía para sus pares cubanos.

Finalmente La Armada podría invitar a profesionales de la salud cubanos, norteamericanos y de otros países de la región para poner bases a estrategias de cooperación. El propósito de convertir la base en un centro de investigación pública de la salud y tratamiento regresando a proyectos ya mencionados en anteriores administraciones estadounidenses y que había sido visto favorablemente por La Habana.

Y a continuación, el artículo completo de Julia E. Sweig

Don’t Just Close Gitmo. Give It Back.
Sunday, May 3, 2009
The Washington Post

By Julia E. Sweig

President Obama has promised to shut down the detention camp at Guantanamo Bay, seeking to erase a blot on America’s global image. He has also reached out  to Cuba, easing some travel and financial restrictions in an effort to recast Washington’s approach to the island. These two initiatives have proceeded on separate tracks so far, but now is the time to bring them together. Hiding in plain sight, the U.S. naval base at Guantanamo Bay is the ideal place for Obama to launch a far-reaching transformation of Washington’s relationship

How? By preparing to give Guantanamo back to Cuba.

It’s not as impossible as it sounds. The United States has scaled back, modified or even withdrawn its military presence elsewhere; think Okinawa, South Korea, Subic Bay in the Philippines or Vieques in Puerto Rico. Whatever Guantanamo’s minor strategic value to the United States for processing refugees or as a counter-narcotics outpost, the costs of staying permanently — with the stain of the prisons, the base’s imperial legacy and the animosity ofthe host government — outweigh the benefits.

The time to begin this transition is now. By transforming Guantanamo as part of a broader remaking of Washington’s relationship with Cuba, the Obama administration can begin fixing what the president himself has decried as a “failed” policy. It can upend a U.S.-Cuba stalemate that has barely budged (mover, resolver) for 50 years and can put to the test Raul Castro’s stated willingness to entertain meaningful changes.

I visited the 45-square-mile U.S. naval base at the southeastern tip of Cuba last month at the invitation of Adm. James Stavridis, head of U.S. Southern Command. I went less to see the prison cells or learn about detainee treatment (though I did both) than to explore a region that I’d never visited in a quarter-century of traveling to and writing about the island. I not only wanted to see what was actually happening there, but also to imagine how the base could evolve  once the detention facility is shut down and the eyes of the world shift elsewhere.

During my trip, it hit me how much Guantanamo — two-thirds of which is made up of the pristine waters of the bay that bears the same name — is really a part of Cuba. Overlooking the western side of the bay sat a pair of well-kept 1940s-style houses, precise replicas of the kind of residences I had seen in Havana weeks earlier. I hadn’t expected the natural environment to capture my attention the way it did. Manatees, which are disappearing elsewhere, breed in abundance; dolphins dart out of mangrove swamps and swim alongside the Navy’s ferries and motorcrafts as they cross the bay.

Driving along the fence line and seeing the Cuban flags and watchtowers, I was struck by the relative peace and quiet that both sides maintain at the one spot where they deal with each other most. In a way, when flag officers and staff from both sides meet each month at the base’s east gate, they continue a long history of pragmatic if ambivalent engagement that started well before Guantanamo became the nightmarish Gitmo.

After the United States intervened in the Spanish-American War in 1898, Washington forced Cuba to accept the creation of a naval coaling station at Guantanamo Bay in 1903 as a condition of independence. During several peak years of activity and construction in the 1940s, at least 9,000 Cuban civilians worked on the base, and small cities such as Caimanera and Boqueron catered to foreign soldiers with bars, brothels and the like. During the revolution, Cubans smuggled all sorts of supplies off the base to aid the rebel cause. Even after 1959, as the new Castro regime sharpened its attacks on symbols of American power, working on the base did not necessarily preclude being a good revolutionary. To this day, the United States provides pension benefits and health care to a handful of retired Cuban workers, some of whom still live on the base.

Since the Bay of Pigs invasion more than four decades ago, Havana has demanded the return of the base territory, but Washington has found little incentive to leave. The base is a financial freebie; the annual rent is only $4,000, although on grounds of pride and principle, Cuba has not cashed the check since 1959.

Yet the Cuban government has never taken steps, military or otherwise, to get the base back. “We are audacious and valiant,” remarked Cuban President Osvaldo Dorticos in 1964, “but we are not stupid.” Echoing such practicality, Raul Castro has referred to Guantanamo as a “neutral place” where dialogue with the Obama administration might one day unfold.

Since the 1990s, the monthly “fence-line” talks have ensured safety for the people who work in and around Guantanamo’s air, land and maritime borders. Shortly after the United States began housing terrorism suspects at the base, Raul Castro even offered to send back any detainee who tried to escape into Cuban territory. But as allegations of torture emerged and Guantanamo’s symbolism went global, Cuba joined the world in excoriating the United States.

Despite the glimmers of political will on both sides, a rapprochement between Washington and Havana will take time. Obama has called for the release of Cuba’s political prisoners. Cuba has its eye on the dismantling of American commercial sanctions and the return of Cuban spies now serving lengthy sentences in U.S. jails. The Castro brothers are unlikely to frame any reforms as a concession to Washington, while the Obama administration will wait to see how the government of Raul Castro fulfills is commitment to “improve the material and spiritual lives of the Cuban people.”

Of course, just as Obama is not going to lift the embargo tomorrow, neither will he simply give back the base the next day. But short of anything so bold, the two governments and their armed forces have already shown that Guantanamo can eventually become an ideology-free zone.

The two nations could expand their monthly gate talks beyond the issue of perimeter security to include drug trafficking, human smuggling, refugee processing and disaster preparedness and relief. Such confidence-building talks could lead to deeper cooperation, even on human rights and political prisoners.

Next, the United States should invite those same Cuban officers to cross the gates and tour Guantanamo, in part to view evidence of the Navy’s stewardship of the natural environment — a dimension of the American presence that is bound to challenge Cuban preconceptions. Third, hundreds of U.S. and international journalists, lawyers and refugee experts have visited the base in the past few years. Surely we can extend the same courtesy to their Cuban peers.

Finally, the Navy could invite public-health professionals from Cuba, the United States and other countries in the region to the base to develop strategies for cooperation. Proposals to convert the base to a public health research and treatment center date back to the Kennedy White House and have been viewed favorably by Havana ever since, especially in light of Cuba’s world-class expertise in infectious and tropical diseases.

These initiatives defy the argument that the United States should cling to the base — and the embargo, for that matter — as leverage to push Cuba toward democracy. The past 50 years have proven the fallacy of that logic. Returning Guantanamo Bay to full Cuban sovereignty and control is a win for the United States: Aside from the boon to America’s credibility with the Cuban people and throughout Latin America, these first steps would probe the Cuban government’s apparent disposition to use the base as a point of contact with the United States — and gauge the regime’s willingness to move the ball forward even more.

“As a president, I say the U.S. should go. As a military man, I say let them stay,” Raul Castro quipped last year. It’s hard to know exactly what he means. Floating these proposals would be a good way to find out.

sweigj@gmail.com

Julia E. Sweig, a senior fellow at the Council on Foreign Relations, is the author of “Inside the Cuban Revolution” and the forthcoming “Cuba: What Everyone Needs to Know.” CFR research associate Michael Bustamante contributed to this article.

Obama jugó… ahora le toca a Castro

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Por: Lázaro Tirador Blanco

MIAMI, Florida, abril, (www.cubanet.org) -Lamento no haberme equivocado en las verdaderas intenciones detrás de la aparente complacencia del régimen de Cuba con respecto a la eliminación de las medidas restrictivas de viajes y remesas a Cuba para familiares de cubanos en EE.UU. Siempre he valorado de  positiva la acción en el sentido de mostrar el interés del Presidente Obama de aliviar las tensiones entre ambos países y beneficiar a una parte de las familias cubanas afectadas por las tensas relaciones existentes entre ambos países, sólo que he discrepado en el método que se usó, de no exigir nada a cambio, y todo ha quedado igual: sólo que el régimen va a recibir más dinero y posiblemente más turistas.

La aparente disposición del actual Presidente de Cuba, Raúl Castro, de dialogar sobre cualquier tema con EE.UU., incluidos “los presos políticos y los derechos humanos” no fue más que una señal del cátcher para confundir al bateador, pero el verdadero lanzamiento lo hizo Fidel Castro al expresar sobre las acciones del Presidente Obama que “Nosotros comprenderíamos mejor las limitaciones reales que el nuevo Presidente de Estados Unidos tiene para introducir cambios en la política de su país hacia nuestra patria, que el uso de la mentira para justificar sus acciones”. Primero fueron elogios.

Después fue que el presidente Obama, “sin duda interpretó mal” la declaración de su hermano y sucesor Raúl sobre que estaba dispuesto a discutirlo todo con Washington y ahora lo tilda de mentiroso.

Para menospreciar y difamar la excelente muestra de dominio y maestría política que Obama dio en la Cumbre, el ex gobernante cubano no tuvo pudor en delatar el papel de “chismoso y lleva y trae” que adoptó su aliado, el presidente nicaragüense Daniel Ortega, quien le contó que Obama “se movía por todas partes buscando a las personas para influir sobre ellas, sugestionándolas con su poder y sus halagos”. Este maniático dictador y enredador adula y elogia hoy y mañana saca sus uñas, aún a los que le hacen  bien (de eso saben mucho sus compañeros purgados en estos 50 años).

La secretaria de Estado, Hillary Clinton,  dijo que lo que ha hecho Fidel ha sido enmendar la plana a Raúl, y  que  “puede verse que empieza a haber un debate”. Pero cuidado, sólo puede tratarse de una estrategia para seguir confundiendo al pueblo cubano con una campaña de desinformación que cuando se orquesta –como a menudo ha pasado en estos años-, al final nadie entiende nada, pero entre la Mesa Redonda, Granma y Juventud Rebelde y los Materiales de Estudio del Partido y los CDR, etc., etc., etc. se forma “una campaña” que al final se publica como la “valiente respuesta revolucionaria del pueblo, a los intentos del enemigo imperialista de desestabilizar una vez más a la Revolución…” Por eso he dicho antes que la real respuesta del régimen será “más de lo mismo”.

Es cierto que también pudiera pasar  que la apresurada respuesta de Raúl haya sido un desliz del pichón de político, que su vetusto hermano y aún líder y manager tuvo que corregir públicamente diciendo “donde dijo digo, digo Diego…”

Al final no importa, lo que realmente sucede es que la voluntad de un entendimiento que logre reales resultados para la mayoría oprimida del pueblo cubano no parece ser tan sencilla como han cantado muchos líderes anticastristas en el exilio, algunos líderes opositores dentro de la propia Cuba y un numeroso grupo de líderes regionales y mundiales, algunos de los cuales nunca han tenido el pudor de condenar al régimen por sus atrocidades y hablan mucho de la integración de Cuba, de los derechos de Cuba, de su amor por Cuba y nunca han mencionado la violación de los derechos de millones de cubanos por años, ni los padecimientos de todo un pueblo oprimido por el totalitarismo demencial castrista. Lo que sucede es que –como otras veces-, alrededor de nuestro sufrido país se desatan debates en foros mundiales y eventos políticos pero con la única representación de la parte opresora, sin escuchar los estertores de los oprimidos ni de sus representantes que siempre están ausentes.

Por algunos de mis artículos anteriores me han acusado de favorecer el embargo, lo que catalogan de anacronismo. ¡Líbreme Dios de favorecer el embargo! Siempre he creído que fue una medida que perdió su vigencia al final de la Guerra Fría. ¡Pero el embargo, ejercido por los EE.UU. y mantenido encendido por el propio gobierno cubano ha sido pretexto para mantener apretado el lazo al cuello de todo nuestro pueblo durante casi 50 años! Como consecuencia de las medidas del régimen en respuesta a los reclamos ante la situación del propio embargo y del surgimiento de una naciente conciencia de cambio en Cuba, han muerto en las cárceles muchos cubanos, otros han sido torturados, encarcelados injustamente y al menos decenas de miles han perdido sus vidas en el estrecho de la Florida buscando una esperanza de libertad y se ha divido por medio siglo a las familias cubanas. Sólo he dicho que ese sufrimiento, esa sangre y esas separaciones no pueden ser en vano.

Cierto es que el Presidente Obama ha pedido “gestos” de parte de Cuba para que se amplíe la política de normalización del conflicto entre los dos países. Es una manera política de lograr lo mismo: no se exige y se da el primer paso y se pide una respuesta consecuente. Pero la prepotencia no permite esas reglas: se burla y aún ofende al único gobernante norteamericano que en casi cinco décadas ha planteado abiertamente normalizarlo todo, de manera bilateral, con acciones  bilaterales de buena voluntad y un espíritu constructivo.

A Obama le salió bien la jugada en la Cumbre de las Américas y presentó una política hacia América Latina diferente a la tradicional de su país. Fue conciliador y escuchó y habló con todos. Pero detrás de la defensa a ultranza del gobierno de Cuba –no de los cubanos-, por parte de los bolivarianos y algunos adeptos no convencidos, se demuestra que se está forjando una nueva fuerza continental, escudada en un nacionalismo que no oculta su sello chavista y que, bajo las banderas del antiimperialismo norteamericano están levantando un nuevo imperialismo que enseña cada día sus garras en la Venezuela que Chávez quiere hacer suya con la simple jugada de comprar o perseguir, como ahora hace con sus opositores. También de eso los cubanos sabemos mucho, porque todavía se sufre.

No habrá que esperar demasiado para saber cuál será el rumbo real de los acontecimientos, sobre todo con respecto a Cuba. Dios quiera que me equivoque totalmente y que las pretensiones del Presidente Obama lleguen a conciliar con la política (¿nueva?) del actual Presidente Raúl Castro, siempre que las maniáticas pesadillas caudillistas de Fidel no se lo impidan.

EU investiga malversaciones en rescate financiero

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Por: EFE/El Universal/Washington, EU

De acuerdo con el Programa de Alivio de Activos Depreciados se han iniciado 20 investigaciones por crímenes y seis auditorías en torno a posibles malversaciones en el uso de la ayuda financiera de 700 mil millones de dólares

El Gobierno de Estados Unidos ha iniciado 20 investigaciones por crímenes y seis auditorías en torno a posibles malversaciones en el uso de la ayuda financiera de 700 mil millones de dólares, informó hoy el inspector del programa.

Neil Barofsky, inspector general del Programa de Alivio de Activos Depreciados (TARP, por su sigla en inglés) , divulgó hoy un informe de 250 páginas en el que detalla una larga lista de preocupaciones acerca de los esfuerzos del Gobierno para socorrer a instituciones financieras y las compañías fabricantes de vehículos automotores.

En una entrevista con la cadena de noticias CNN de televisión, Barofsky dijo que sus investigaciones podrían conducir a encausamientos por crímenes, y que él quiere que los contribuyentes, que pagan los impuestos, entiendan adónde va a dar su dinero.

“Nuestras recomendaciones miran hacia el futuro y no hay fallos que no puedan resolverse”, dijo Barofsky.

El informe muestra que Barofsky quiere determinar si las decisiones sobre el uso de los fondos aprobados por el Congreso estuvieron influenciadas por quienes iban a beneficiarse de tales decisiones, y si las compañías que recibieron ayuda con dinero de los impuestos cumplen con los límites estipulados en los pagos a sus ejecutivos.

El secretario del Tesoro, Timothy Geithner, informó hoy de que de los 700 mil millones de dólares aprobados en octubre el Gobierno del presidente George W. Bush comprometió unos 355.400 millones de dólares, principalmente en socorro para instituciones financieras y las firmas automovilísticas.

El informe de Barofsky sale a luz cuando aumenta el descontento público por las continuas ayudas dadas por el Gobierno a las instituciones financieras.

Obama pone a Cuba como gran ejemplo

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Fuente: El Universal

PUERTO ESPAÑA (DPA).— El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, puso ayer, como ejemplo de herramienta para influir en el exterior, la política cubana de enviar médicos a países pobres y consideró que si Wa-shington quiere tener un mayor peso foráneo debe “escuchar más” y desarrollar vínculos más allá de la fuerza.

“Escuché acerca de los miles de médicos cubanos dispersos en la región, de los que dependen en gran medida muchos de esos países”, dijo Obama al término de la Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago.

“Eso es un recordatorio para nosotros de que si la única relación que mantenemos con muchos de esos países es la lucha contra el narcotráfico o la cooperación militar, podría ser que no estemos desarrollando las conexiones que con el tiempo pueden incrementar nuestra influencia y tener un efecto beneficioso cuando tratemos de promover políticas que nos interesan en la región”, señaló.

Por eso, continuó, Washing- ton debe “reconocer” que “el poderío militar no es más que un solo brazo” del poderío estadounidense y que Estados Unidos debe utilizar también la “diplomacia y la ayuda al desarrollo” de una manera “más inteligente”, con el fin de que “la gente vea mejoras muy concretas y prácticas en su nivel de vida como consecuencia de la política exterior” estadounidense.

“Hay que escuchar, no sólo hablar”, remarcó.

“Aunque Estados Unidos sea la nación más poderosa y rica del mundo, sólo somos una nación”, recordó y subrayó: “Los problemas a los que nos enfrentamos, como el cambio climático o el terrorismo, no pueden ser resueltos por un solo país”.

Por otra parte, Obama, declaró que espera que el gobierno de Cuba muestre signos claros hacia la democratización y la libertad de los presos políticos.

Cuba debe liberar a los presos políticos, permitir más libertades y reducir las cuotas a las remesas que se envían de Estados Unidos a Cuba, señaló Obama.

El mandatario Obama agregó que la política estadounidense hacia Cuba no va a cambiar de la noche a la mañana, pero que la libertad para la nación caribeña sigue siendo la meta final.


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