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Entrevista de Roger Vilar a Arno Burkholder, Doctor en Historia Moderna y Contemporánea

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Las relaciones México-Cuba en la opinión de un especialista mexicano.

Roger Vilar: 1-¿Cómo valoras las relaciones México-Cuba desde que el Partido Acción Nacional está en el poder?

Arno Burkholder: Las relaciones entre los países están tremendamente influidas por las diversas situaciones internas que cada país vive y por su pasado. Nunca se parte de la nada, siempre existen diversos antecedentes que marcan la forma en que las naciones se relacionan entre sí.

Al llegar el PAN a la presidencia de México en el año 2000, el primer intento del gobierno de Fox fue alejarse de lo que habían hecho los gobiernos mexicanos con relación a Cuba. Sé que los lectores de esta página conocen bien la historia de las relaciones entre los dos países, así que sólo mencionaré algunos puntos:

Cuba quedó aislada del continente americano desde la segunda mitad del siglo XX debido a la implantación del socialismo en la isla, el embargo norteamericano, la expulsión de la OEA y como gran escenario la Guerra Fría. México fue el único país que mantuvo sus relaciones con la isla y esto tuvo varias causas:

Por una parte, México servía como “territorio franco” en el que los enemigos ideológicos podían encontrarse de manera clandestina para conferenciar, ya que un cierre absoluto de las relaciones Estados Unidos-Cuba (me refiero tanto a las relaciones institucionales o “abiertas” como a las clandestinas) hubiera enturbiado todavía más la muy tensa situación entre ambos países.

Por otro lado, al mantener su relación con Cuba, México podía presumir de cierta lejanía con respecto a Estados Unidos. Eran los años del Nacionalismo Revolucionario, de los países del Tercer Mundo que se unían para no caer bajo el dominio de occidente o del bloque comunista. Apoyar a Cuba, aunque fuera mínimamente, le servía a los gobiernos mexicanos para crearse una imagen que el presidente Adolfo López Mateos llamó “de extrema izquierda dentro de la Constitución”, esto es, cercano a las ideas de reparto de riqueza y búsqueda del bien común que propagaba Cuba en su discurso ideológico, pero sin involucrarse en una lucha con otros elementos de poder dentro del sistema político mexicano, como eran la iniciativa privada, la Iglesia Católica y un amplio sector de la clase media mexicana que era anticomunista.

A cambio del respaldo mexicano, Cuba se comprometía a no “exportar la revolución” a México. En otros países del continente aparecieron grupos guerrilleros que deseaban hacer revoluciones que instauraran gobiernos como el cubano y que recibieron ayuda directa de Fidel Castro. En el caso de la guerrilla mexicana esto no ocurrió así (o por lo menos no tan ampliamente). Un ejemplo de esto es el Movimiento de Acción Revolucionaria, un grupo guerrillero mexicano que primero buscó el apoyo cubano, pero tuvo que recurrir a Corea del Norte para entrenarse y comenzar sus actividades en México.

Sin embargo, cuando llegan los años 80, comenzó un gran cambio que alteró el esquema mexicano-cubano. Por una parte, Gorbachov intentó modernizar el comunismo ruso y lo único que consiguió fue desaparecerlo. Eso hizo que Cuba dejara de recibir los enormes apoyos económicos que la URSS le enviaba, lo que agudizó todavía más sus problemas. Por otro lado, en México el sistema político estaba en crisis, por lo que el nacionalismo revolucionario fue abandonado para integrarse a la ola del neoliberalismo que estaba esparciéndose por todo el mundo.

En este nuevo contexto, que prometía la apertura de las fronteras y el libre flujo de mercancías, el respeto a los derechos humanos se convirtió en un punto fundamental. México ya no podía ignorar las violaciones que se cometían en Cuba contra todos aquellos que no estaban de acuerdo con el gobierno de Fidel Castro, además de que la conversión de Estados Unidos en la única potencia global hizo todavía más necesario al gobierno mexicano acercarse al vecino del norte, aunque ello le causara problemas con Cuba.

Ernesto Zedillo, el último presidente mexicano proveniente del Partido Revolucionario Institucional, empezó a alejarse de Cuba, lo que provocó el enojo de Fidel Castro. Al llegar Vicente Fox a la presidencia de México, su primera medida fue la de alejarse lo más posible de Cuba, lo que recomendó Jorge Castañeda, su Secretario de Relaciones Exteriores. Ello provocó que durante seis años las relaciones entre los dos países fueran de mal en peor, con casos como el de la toma de la embajada mexicana en 2002, la famosa grabación que dio a conocer Fidel Castro, y el retiro de embajadores por un breve tiempo.

La respuesta cubana impresionó al gobierno mexicano, quien no supo cómo reaccionar ante los ataques que recibía. A esto hay que sumarle la crisis política vivida por las elecciones presidenciales de 2006. El gobierno de Felipe Calderón intentó retomar las relaciones con Cuba, lo cual iba por buen camino, hasta la remoción del canciller cubano Felipe Pérez Roque y las recientes declaraciones de Fidel Castro con respecto a la influenza AH1N1.

R.V. 2-¿Observaste algún cambio en estas relaciones cuando Raúl Castro tomó el poder en Cuba?

A.B. La llegada de Raúl Castro fue vista como el primer paso hacia una transformación política en Cuba, y a la normalización de las relaciones entre México y la isla. Prueba de ello era el viaje que iba a realizar Felipe Calderón a Cuba este año. Sin embargo, las declaraciones de Fidel Castro que ya mencioné, y la falta de un mensaje contundente e institucional del gobierno cubano al respeto hicieron que el viaje se cancelara. Habrá que ver cuál será el siguiente movimiento de un nuevo gobierno cubano del que en su momento se esperaban cosas distintas.

R.V. 3-Durante el gobierno panista de Vicente Fox, México, en la voz del excanciller Jorge G. Castañeda, condenó las violaciones a los derechos humanos por parte del gobierno de La Habana, sin embargo Felipe Calderón y sus políticos más allegados permanecen silenciosos respecto al tema. ¿Cuál podría ser la causa?

A.B. México estaba en una crisis gravísima debido al resultado electoral de 2006. El gobierno de Felipe Calderón empezó con un enorme desprestigio y poca legitimidad al no aceptar que se recontaran los votos. Su adversario, Andrés Manuel López Obrador fue acusado durante toda su campaña de recibir apoyo venezolano y cubano para ganar las elecciones. Al llegar Calderón al poder era necesario “apagar los fuegos” que el gobierno de Fox había dejado. La nueva administración necesitaba renovar sus lazos con toda América Latina, de la que se alejó durante el sexenio pasado. En este sentido, acercarse a Cuba tenía por objeto limar asperezas y evitar nuevos golpes por parte de Fidel Castro, quien podría fácilmente aprovecharse de los problemas que estaba viviendo México en ese momento. Además, por lo menos al principio, el retiro de Fidel Castro y la llegada al poder de su hermano Raúl hizo creer que en Cuba empezarían una serie de cambios políticos fundamentales, en los que México, como su país vecino y con una relación histórica, quería tomar parte. Todo eso pudo llevar al gobierno de Felipe Calderón a aminorar sus críticas a Cuba por las violaciones constantes a los derechos humanos.

R.V. 4-¿Consideras oportuna o no la medida de La Habana de cerrar la entrada a los vuelos provenientes de México?

Quizá primero habría que preguntarse por qué La Habana (y otros países) tomaron esa decisión. Desde hace varios años la Organización Mundial de la Salud ha alertado al mundo por la posible aparición de una gripe que tendría consecuencias fatales para la humanidad en el caso de que no fuera atendida convenientemente. El recuerdo de la Gripe Española de principios del siglo XX con sus millones de muertos, y los casos de Gripe Aviar en China cien años después alertaron a muchos países, que consideraron que había que impedir que les llegaran aviones mexicanos para no contagiarse de lo que parecía ser la gran pandemia del nuevo siglo.

Sin embargo, hay tres puntos que es necesario tratar: por una parte, la Organización Mundial de la Salud también declaró que el cierre de fronteras era ya una medida ineficiente, debido a que el virus ya había llegado a otros países, y eso lo sabía el gobierno cubano. Segundo, Cuba cuenta con un servicio médico que ha exportado a otros países, como Venezuela, y que sí tiene la capacidad para tratar la enfermedad sin necesidad de tomar medidas extremas como el cierre de fronteras. Y tercero, en el momento en que el AH1N1 se esparció por varios países y el número de enfermos creció, sólo en un país hubo muertos: México.

¿Qué pasó entonces? Pudo ser que La Habana considerara que la Gripe era realmente peligrosa y que la única medida posible era evitar que llegaran mexicanos (algo que, por cierto, ya era irrelevante, puesto que ya había compatriotas enfermos entre ellos), del mismo modo como lo hicieron otros países sudamericanos. Lo cierto es que la medida fue tomada en México como una agresión, ya que tanto Cuba como Argentina y otras naciones del continente tuvieron el apoyo mexicano cuando se enfrentaron a momentos críticos en el pasado.

Si a lo anterior le sumamos las declaraciones de Fidel Castro en las que señaló que México ocultó la existencia del AH1N1 para que no se cancelara la visita de Barack Obama, nos encontramos con un nuevo enfrentamiento cubano-mexicano, el cual seguramente se resolverá de algún modo en los próximos meses.

R.V. 5-Fidel Castro, aunque ya no es el primer mandatario de Cuba, en sus llamadas “reflexiones” ha dicho varias cosas controversiales hacia México. Por ejemplo:

“Castro, en varias de sus Reflexiones, publicadas esta semana, acusara a México de haber ocultado el brote de gripe ante la visita al país del presidente de EU, Barack Obama, el 16 y 17 de abril pasados”. El Universal, 18 de mayo.

“Fue totalmente injusta la crítica que se hizo al gobierno de Cuba y la amenaza de represalia que contenía. Se nos presentó además como una nación hostil al pueblo de México”, afirmó Castro, de 82 años, en su Reflexión publicada en medios locales. El Universal, 18 de mayo.

“Acudir a la intriga, la mentira y la amenaza, es señal inequívoca de que el adversario ideológico está perdiendo la batalla” El Universal, 18 de mayo.

“El ex presidente de Cuba Fidel Castro acusó a México y Estados Unidos de haberse convertido en los exportadores mundiales de la epidemia por el virus de la influenza A H1N1” El Universal, 15 de mayo.

“Castro aseguró que en México “nada ha cambiado durante los últimos ocho años, excepto el virus” El Universal, 15 de mayo.

R.V. ¿Cuál es tu opinión sobre estas aseveraciones de Fidel Castro?
A.B. Es el estilo de Fidel Castro, al que nos tiene acostumbrados, por lo menos, desde el gobierno de Ernesto Zedillo. Por una parte quiere dejar claro que no son lo mismo el pueblo y el gobierno mexicano, y por otra se dedica a atacar al segundo con argumentos que le hemos escuchado desde hace años: “El enemigo miente porque está a punto de perder”, “nada ha cambiado en México desde que el PAN llegó al poder”, “mienten quienes desean presentarnos como hostiles a México”, etc.
Yo creo que lo interesante en este caso es que no conocemos los comentarios de Raúl Castro, el actual presidente de Cuba. Tal parece que las reflexiones de su hermano Fidel tienen por objeto dejar claro ante Cuba y el mundo que a pesar de su enfermedad sigue siendo el hombre fuerte de la isla.

Por otro lado, sus comentarios perdieron rápidamente la atención del público mexicano, más interesado en salir del problema que le causó la gripe, y bastante cansado por las campañas políticas y la delincuencia.

R.V. 6-¿A qué problemas crees que se refiere Pascoe cuando dice que el ataque de Fidel Castro tiene como finalidad ocultar los problemas reales de Cuba?

A.B. Quizá el primer problema sea el de su negación a traspasar realmente el poder. La llegada de Raúl Castro a la presidencia de Cuba fue vista primero con esperanza, pero después se ha difuminado mientras su hermano hace más y más comentarios sobre lo que pasa en su país y el mundo. Por otro lado, los problemas económicos no se han resuelto en Cuba, y mucho menos los problemas políticos. La existencia de una oposición que esté protegida legalmente y que pueda participar en los procesos políticos sin que se le persiga sigue siendo un sueño.
Y mientras tanto, el tiempo se le acaba a Fidel Castro, quien con sus comentarios demuestra que no quiere dejar el poder, a ningún precio.

R.V. 7-¿Ha sido suficiente la respuesta de Felipe Calderón a los ataques de Fidel Castro a México?

A.B. Más bien los comentarios de Calderón sobre su viaje cancelado a Cuba fueron resultado de un enojo ante algo que no sólo venía de la isla, sino también de otros países del continente. El viaje está cancelado, pero supongo que la Secretaría de Relaciones Exteriores y el Ministerio de Relaciones Exteriores ya están en pláticas para nuevamente aligerar la situación.

R.V. 8-¿Algo más que quisieras agregar respecto a las relaciones Cuba- México en la actualidad?

A.B. Francisco Bulnes, un escritor mexicano de finales del siglo XIX, decía con respecto a Porfirio Díaz que “el buen dictador es un espécimen tan raro, que la nación que lo tenga debe conservarlo no sólo en el poder, sino también en la vida”. Fidel Castro no se compara por muchas razones con nuestro don Porfirio, excepto en un detalle: ambos tienen la adicción del poder. Los comentarios de Fidel Castro son prueba de que no quiere dejar el puesto de hombre fuerte de Cuba. Sin embargo, hay algo con lo que no podrá enfrentarse: la muerte. Tarde o temprano le llegará.

Luego de que eso ocurra, México y Cuba seguirán con una relación histórica que es innegable: Cuba es nuestro vecino y en dos ocasiones quisimos que fueran parte de la nación mexicana. Cuba va a transformarse, lo quieran o no los hermanos Castro, y México tiene que estar junto a la isla cuando los cambios comiencen, pues lo que pasa allá también influye en nosotros. Por eso es necesario impulsar los estudios sobre Cuba, para comprenderla más allá de la etapa castrista y para estar listos cuando lleguen los tiempos del cambio.

La Historia que se escribe y la Historia que se vive

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Por: Arno Burkholder

Fuente: http://clionautica.blogspot.com/ 01-05-09

Este es el segundo viernes de esta fase de emergencia provocada por la aparición del virus AH1N1, que antes se llamó Influenza Porcina y algunos pretendieron llamarla Gripa Mexicana. Los capitalinos enclaustrados hemos pasado por el miedo, el enojo, la tristeza y la carcajada. Los niños no tuvieron los festejos por su día y ojalá las madres si puedan disfrutar su 10 de mayo.

Aunque, si pensamos en los enormes embotellamientos que se hacen en esos días, las horas que hay que esperar para que te den una mesa en un restaurante, porque todos están llenos, los regalos horribles que reciben las madres, o todavía peor, cuando sus hijos, nietos, sobrinos, familiares, amigos y demás gandules invaden las casas maternas con pretexto de celebrar a la autora de sus días, a la única mujer que los amó antes de conocerlos, y sólo antes, como diría Germán Dehesa, para luego dejar la casa hecha un desastre y con una enorme pila de platos sucios que la abnegada madrecita tendrá que lavar sola, quizá muchas prefieran que el próximo 10 de mayo sea como el día de hoy, silencioso y solitario.

Una antigua maldición china dice: “que te sea concedido vivir en una época interesante”. No podemos negar que a todos los cayó redondito ese deseo. Hemos pasado (por abreviar) por un plantón que duró meses y desquició la circulación en la Ciudad de México, por un gobierno con enormes problemas de legitimidad, el horrible avionazo en que se mató el Secretario de Gobernación, las peleas entre el gobierno federal y el de la capital, la guerra contra el narco con sus miles de muertos y decapitados, la crisis económica que se acrecentó en 2008, la falta de empleos, un poder legislativo que se conduce como un chango con cuchillo, el tráfico enloquecido por las construcciones para festejar el Bicentenario de 2010, y ahora la influenza humana.

No nos tocó vivir la Revolución Mexicana; cada vez son menos los que vieron al general Cárdenas expropiar el Petróleo, quedan muchos que vivieron ese malhadado año de 1968, pero somos más los que aprendimos al respecto en libros y películas. La vida se mueve con su acostumbrada prisa y vamos dejando atrás aquellos hechos que nos conformaron como personas.

La historia se hace con los pequeños y grandes momentos: con López Portillo gritando que defendería el peso como perro y aquellas mañanas dominicales que compartíamos con la familia; con Carlos Salinas victorioso ante la firma del TLC y el primer beso que nos dio esa persona que fue tan especial en nuestras vidas.

La historia se lee, pero también se vive. Allí radica su riqueza: esos hechos que no fueron nuestros contemporáneos se vuelven el espejo en el que reflejamos nuestras vidas, nos dan un sentido y nos ayudan a imaginar cómo nos gustaría que fuera nuestro mañana.

Soy un orgulloso habitante de este círculo del infierno llamado Ciudad de México. Todos los días le declaro mi amor y mi odio. La detesto profundamente cuando pierdo mi vida encerrado en mi coche debido a que alguna manifestación me impide avanzar, y me enamoro perdidamente de ella cuando recorro aquellos lugares que fueron decisivos para mí en mi adolescencia.

Una tarde por el Parque México, viendo a la gente jugar con sus perros, a los niños en bicicleta y comiéndome un helado, me reconcilia con esta ciudad. Y en esos momentos a veces puedo ver por ahí al niño que fuí, jugando con mis amigos, o como un reflejo del pasado a la primera mujer que me robó el corazón.

Pero sobre todas las cosas, amo profundamente a la Ciudad de México cuando veo que su gente, a pesar de tantos demonios, no está dispuesta a perder la sonrisa y vuelve a cargar contra los molinos de viento para alcanzar sus metas. Son los que salen cada día a corretear la chuleta, los que se encierran en un aula para aprender algo que mejore sus vidas, los que se arriesgan a comenzar un negocio con la ilusión de que su mañana mejorará.

Somos un Sísifo reencarnado que va por la vida con su enorme piedra en la espalda, intentando llegar a la cima de la montaña para depositarla. La piedra siempre se nos cae y ahí vamos tras ella, para volverla a subir.

Lo impresionante no es nuestra tozudez, lo que siempre me asombra es que cargamos nuestra piedra con una gran sonrisa en los labios.
Pase lo que pase, siempre somos capaces de reirnos de nuestra desgracia. Y aunque por ahora no podamos darnos el clásico apretón de manos seguido del abrazo con el que recibimos a nuestros amigos, y tengamos que aguantarnos las ganas de darle un rico beso (y si se deja un buen apretón) a la fémina o al galán que nos gusta, sí podemos carcajearnos del problema en el que nos encontramos en este momento.
Nuestra fuerza está en nuestra risa. Ella también nos conduce por nuestra historia particular. Estos días oscuros formarán parte del pasado, y tanto nosotros como los que vendrán podrán reflejarse en el espejo del ayer.

Hemos tenido muchos cronistas en esta ciudad. Uno de ellos ocupa un lugar muy especial en mi corazón. San Chava Flores le cantó a esa ciudad que rápidamente se urbanizaba, con un caos que ahora extrañamos, pero que pronto, para bien o para mal, retornará a nosotros. Ya volverán esos días enloquecidos, y en especial esos sábados del Distrito Federal.

Arno Burkholder de la Rosa

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Fuente: http://clionautica.blogspot.com/
Profesión: Historiador
Ubicación: México

arno-burkholder-de-la-rosaSoy doctor en historia moderna y contemporánea por el Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora. En 2006 gané la beca “Jóvenes Investigadores” otorgada por el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México.Soy miembro de la Red de Historiadores de la Prensa y el Periodismo en Iberoamérica, del Seminario “Periodismo, Historia y Sociedad” del Instituto Mora y del “Seminario de estudios interdisciplinarios sobre la prensa” de la FES Acatlán. He participado en diversos congresos y he publicado en el “Boletín del Fideicomiso Archivos Plutarco Elías Calles y Fernando Torreblanca”, en “20/10, Memoria de las Revoluciones en México”, en “Secuencia, Revista de Historia y Ciencias Sociales” del Instituto Mora, en “Historia Mexicana” de El Colegio de México y en el “Journal of Iberian and Latinamerican Research” de la Universidad de Latrobe. Creo que la Historia es patrimonio de todos los seres humanos, y que conocerla nos permite comprender mejor nuestro presente. En este momento estoy terminando mi primer libro: “La red de los espejos; una historia del diario Excélsior (1916-1976)”, el cual aparecerá próximamente.


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