Acierto de Agüera: Convenio Cuba-Buap
América Latina, Cuba, Cuba en la red, Cubanos en México, Derechos Humanos, Educación, El Mundo, José Prats Sariol Sin Comentarios »Por: José Prats Sariol
Entre las mayores necesidades de la sociedad cubana está evitar la tautología de isla aislada. El rector de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Enrique Agüera Ibañez, acaba de firmar aquí en Puebla un convenio con la rectora de la Universidad de Camagüey, Lianet Goyas Céspedes. ¡Enhorabuena!
La renovación y fortalecimiento de los viejos acuerdos de intercambio académico, que ahora incluyen el trabajo conjunto en pro del Modelo Universitario Minerva y la Cátedra Martiana, entre otros hermosos planes, deben culminar a finales de este año con la Semana de Cuba en México, a celebrarse en el recién estrenado Complejo Cultural de la BUAP.
Precisamente fue José Martí quien afirmó: “De la justicia no tienen nada que temer los pueblos, sino lo que se resisten a ejercerla”. Los estudiantes y profesores mexicanos que gracias a este convenio visitarán Cuba, tendrán la oportunidad de conocer una realidad distinta, evaluarla sin orejeras.
Sus apreciaciones, desde la falta de temor que Martí aconsejará, enriquecerán los juicios que aquí se tienen sobre cómo viven los cubanos, cuáles carencias espirituales y materiales padecen, qué relación tienen con el gobierno, qué esperanzas cifra la juventud en viajar, salir.
Preguntas clave podrán tener un mosaico de respuestas, desde el pluralismo apreciativo consustancial a la verdadera justicia: ¿Cómo los cubanos han podido resistir durante más de ocho largos sexenios a un mismo gobernante o a su hermano? ¿Qué privilegios tienen los militantes del Partido Comunista y de la Unión de Jóvenes Comunistas, únicas organizaciones autorizadas en el país, sobre el resto de la población? ¿Hay libertad de expresión y de movimiento? ¿Se vive en un estado totalitario, donde la culpa de todo la tiene el “imperialismo yanqui”, el injusto embargo?
A su regreso, los mexicanos que allí hayan visto de cerca la situaciones cotidianas a que se enfrentan sus colegas cubanos, podrán hacerse la pregunta decisiva: ¿Podría vivir yo en esa sociedad? ¿Son hipócritas aquellos que la defienden desde una “izquierda” con criados y Angelópolis?
Del otro lado, cuando lleguen aquí los estudiantes y profesores seleccionados por las severas autoridades cubanas ? incluyendo la Seguridad del Estado ?, confrontarán lo que han leído o visto en los medios oficiales monopolizados por el gobierno. Tendrán la oportunidad de evaluar la sociedad poblana, que sabemos desigual, llena de anacronismos.
Oirán en alguna esquina que dicen horrores del PAN y del presidente Felipe Calderón, del gobernador del Estado de Puebla Mario Marín o de la alcaldesa Blanca Alcalá. Que no bajan la voz cuando critican. Y que nadie los conduce a la cárcel, acusados de no ser mexicanos, de haber traicionado a la patria, de ser agentes de la CIA.
Podrán constatar: ese instrumento indispensable del saber, antídoto de los fanatismos. En las comparaciones encontrarán que aquí también hay becas para estudiantes y estímulos a la investigación, acceso público a bibliotecas ? aunque no expurgadas de textos disidentes ? y gente en la miseria que no puede estudiar, mientras cierta zona de la clase media se adeuda con autos que apenas sacian su vanidad trivial, bajo el virus consumista.
Las sorpresas serán obvias de uno y otro lado. Hay que agradecerle muchísimo al rector Agüera esta magnífica oportunidad de diálogo presencial, en vivo y en directo, sin robo de cerebros ni demagogias.
Ningún cubano se ha sentido nunca extranjero en la tierra de Benito Juárez. Ningún mexicano deberá sentirse extranjero donde Celia Cruz aún no aparece en la radio o en la televisión, porque osó oponerse a Fidel Castro. Habrá desconciertos, pero el sentimiento de confraternidad debe prevalecer. ¿Acaso no hablamos de “otredad”, de “multiculturalismo”?
Las semejanzas y diferencias, bajo la fortaleza de una lengua común y de poderosas relaciones históricas y culturales, quizás provoquen que un fruto de este saludable intercambio sea que algunos mexicanos decidan vivir en Camagüey. Y viceversa. Los cubanos que aquí lleguen deben tener el mismo derecho, sin que los deporten, pierdan la nacionalidad cubana o multen a su familia con cinco años de sanción para poder reunificarse.
Los “quedados” serán un valor agregado, a partir de una política sensata de puertas abiertas. Esperemos que la Cátedra José Martí tome como lema una de sus frases emblemáticas: “No hay proa que taje una nube de ideas”.






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